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jorge bucay

Cambiar de compañía eléctrica en un cuento sobre el circo

Retocamos una conocida historia de Jorge Bucay (Recuentos para Demián), para hablar de cambiar de compañía eléctrica y de los consumidores de "las grandes"

16/06/2017 |

Los cuentos son relatos destinados a niños con una moraleja aleccionadora al final. Lo bueno de estas historias es que funcionan a lo largo del tiempo, tanto en los más pequeños como en los adultos, y sirven además para formular una situación de causa-efecto fácil de entender y que no juzga ningún aspecto de la vida del oyente o lector. En nuestro caso, queremos aprovecharlo para establecer un símil, una metáfora para hablar de cambiar de compañía eléctrica.

Hay muchas situaciones habituales que pueden ser comparadas con historias de cultura popular o de transmisión oral. En el sector eléctrico, nos afecta particularmente que el nuestro sea un servicio habitual. Común. Llegas a casa y tienes luz. No obstante, es frecuente escuchar quejas en cuanto a la compañía eléctrica, al precio, al servicio… Pero entonces, ¿por qué cuesta tanto cambiar de compañía eléctrica? Veámoslo con un cuento:

El elefante que nació en el circo

Dicen que en las afueras de una pequeña ciudad, había un circo. El circo, regentado por el hijo mayor de una familia circense de toda la vida, parecía estar creciendo. Sin embargo, ese hombre al que llamaremos Paul, pensó que a su querido circo le faltaban animales.

¡Un elefante! – pensó. Así pues, se puso en marcha.

Días más tarde, a su elenco de payasos, domadores, trapecistas, equilibristas, bailarines, magos, contorsionistas y varios animales como leones, tigres o conejos –los cuales usaba el mago- se le había unido una hembra de elefante.

Algo raro pasaba – se dijo Paul- con esa elefante, pues no parecía encontrarse bien. Para no irnos por las ramas: su adquisición resultaron ser dos, y es que esa hembra de elefante esperaba un pequeño elefantito.

Al poco tiempo, la hembra dio a luz: una cría que apenas se tenía en pie había nacido. Paul, ante el desconocimiento en cuanto al cuidado del animal, y para evitar que se escapara, decidió atarle a una estaca para tenerle controlado entre funciones.

El pequeño animal, que temblaba al dar un paso, permanecía atado durante el tiempo que no actuaba. No fueron pocas las veces que intentó liberarse de sus cadenas, pero fueron en vano. Durante mucho tiempo lo intentó día y noche, día tras día y función tras función.

Hasta que se rindió.

Pasaron los años y el que fuera una cría desvalida se había convertido en un mamífero de casi 3 metros. Sin embargo, tras cada función, volvían a encadenarle a la estaca, cada vez más ridícula a su lado, y él permanecía inmóvil.

El consumidor que creció con las grandes

Imaginemos por un momento a los niños que pasaran y vieran a ese animal, con tanto poderío, atado a una ridícula estaca:

¿Por qué no se libera?- se preguntarían. Y alguien le contestaría que es porque ha estado toda la vida atado y cree que no puede.

Cuando un factor, sea el que sea, te acompaña durante toda la vida, lo aceptas como algo “de siempre” y por lo tanto inamovible. Ya sea derribar la estaca de la historia, o cambiar de compañía eléctrica.

El pequeño elefantito un día se cansó de luchar contra su particular cárcel, no dándose cuenta que, de haberlo seguido intentando, la hubiera vencido fácilmente. No obstante, aceptó su condición por costumbre, porque siempre había estado ahí, porque siempre había sido así, y porque nunca había podido liberarse, asimilándola como la realidad a la que acabó por acostumbrarse, aunque nunca tuvo por qué, entendiendo simplemente que si no había podido entonces, nunca iba a poder.

Hasta hace relativamente poco, vivíamos en una sociedad oligopólica, en la que la electricidad había que comprarla a las mismas grandes empresas. Ahora, a pesar que el mercado se liberalizó en  1997 y que desde entonces puedes elegir tu compañía eléctrica, permanecemos con lo que nos es habitual y cómodo, por desconocimiento o porque pensamos que otras opciones no son de fiar, justificándonos con argumentos como “así ya está bien”, “si ya me va bien, ¿por qué cambiar?” o “da igual, esta es la de siempre”.

Pero ¿no es la libertad más importante? ¿Por qué conformarte pudiendo obtener más?

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Entonces, ¿eres de los que se conforman?

 

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