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Transición energética para Europa

Transición energética es la transformación progresiva del modelo energético actual hacia uno más eficiente. Hablamos de su origen y de los objetivos de este proyecto verde.

28/02/2017 |

En una sociedad que avanza a ritmos desorbitados, en qué la contaminación nos ha obligado ya a tomar medidas como a regular el tráfico según número de matrícula, como se hizo en Madrid, o a etiquetar los vehículos, e incluso retirarlos de la circulación, según su antigüedad, nos vemos empujados a mejorar la situación de alguna manera.

Europa lleva décadas reuniéndose buscando una solución efectiva social y económicamente y marcando objetivos a medio-largo plazo para acabar con la contaminación que nosotros mismos producimos y poder ahorrar luz. Ante la imperiosa necesidad que la descontaminación implica, vemos en las energías limpias una salida, y de ahí que Europa camine hacia la paulatina transición energética.

Qué es la transición energética

Denominamos transición energética a la transformación progresiva del actual modelo energético hacia energías más limpias. Dentro de las energías convencionales, usadas en mayor medida actualmente, encontramos las grandes infraestructuras de generación térmica y nuclear. Este modelo contaminante se mueve hacia uno renovable donde prime la eficiencia energética y la producción limpia y donde el consumidor y las instalaciones de producción puedan coexistir.

La transición energética implica la progresiva sustitución de las tecnologías tradicionales que empleamos para generar electricidad, movernos y, por ejemplo, calentar nuestros hogares.

Cuándo nace el concepto de transición energética

El concepto de transición energética se enmarca en la necesidad de luchar contra el cambio climático, proteger la salud de las personas y favorecer la eficiencia en el consumo, encaminarnos hacia la predicción de precios para poder ahorrar luz y hacerlos más asequibles así como disminuir las tensiones geopolíticas propias de un modelo sustentado en la dependencia energética.

Más atrás del plan de Kioto o la cumbre de París del 2015, Alemania (junto a Austria) fue pionera en la denominada Energiewende, una transición energética vigente desde el año 2010 cuya ley más impactante es la supresión de la energía nuclear para el año 2022.

Energiewende

Los objetivos de la Energiewende son, a grandes rasgos, la reducción de las emisiones de CO2 del 40% en el 2020, con respecto a los niveles de 1990, y del 80-95% en el 2050.

Han conseguido centrar en unos objetivos muy concretos su transformación energética a nivel económico y social, que el 90% de la población la conozca y que lo consideren importante.

La cobertura de la demanda energética deberá caracterizarse por una altísima flexibilidad para casar oferta y demanda, transformando la actual dependencia de combustibles y tecnologías en otro que de predominio a la instalación de renovables y almacenamiento.

Esa extrema flexibilidad, que deberá regularse, hará posible una cobertura de la demanda con actores dispuestos a ofrecer generación cuando la tengan, sumada a la parte de la población alemana que ya cuenta con sus propias placas solares fotovoltaicas o pequeñas estaciones eólicas. Faltará ver cómo se adaptan las eléctricas convencionales a este nuevo modelo.

Transición energética y sociedad

La transición energética también conlleva cambios en el comportamiento del consumidor hacia el poder ahorrar luz y el incremento del ahorro energético y la eficiencia energética. Para poder materializar esta transición, es necesaria una regulación que permita la progresiva descarbonización de nuestra economía paralela a los objetivos en cuanto a la lucha contra el cambio climático. Con la transición energética el ser humano se propone ahorrar luz a nivel doméstico y global. Para ello, habrá que invertir en infraestructuras solares, eólicas y de almacenamiento.

A nivel Europeo, son varios los países que optan por el autoabastecimiento energético con, en la mayoría de los casos, placas solares; como ocurre en gran parte del Reino Unido y Alemania. En un futuro, esta tendencia aspira a una Europa realmente integrada en que se avance como un espacio común, incluido en materia energética, para unificar los precios e interconectarse en un todo, como era su propósito inicial.

 

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