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Puerta fría, ¿sí o no? Debate tras la multa de la CNMC

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) multó, por primera vez, a una empresa eléctrica por malas prácticas a finales del pasado mayo de 2016.

Noticia - 30/06/2016

No es la primera vez que escuchamos que los comerciales que pican de puerta a puerta, a veces, se aprovechan de la buena fe y el desconocimiento del sector eléctrico de la gente para conseguir una firma. Eso es lo que ha llevado a la CNMC a sancionar por primera vez a una empresa con una penalización de 400.000 euros por fraude, falsificación y suplantación de identidad por parte de algunos de sus vendedores; estos, supuestamente, recurrían a dichos delitos para hacerse con los datos del cliente para poder cambiarle de suministrador eléctrico.

En cuanto a estos engaños, las asociaciones de consumidores los denuncian como habituales, mientras que las comercializadoras lo defienden como puntuales y usualmente cometidas por subcontratas. En España, cada año se llevan a cabo más de 4 millones de cambios de suministro energético, de los cuales un 1% no cuenta con la aprobación del usuario, según fuentes de la CNMC, que recibe unas 30 reclamaciones al año.

Se dice que no hay tantas reclamaciones como debería por un simple motivo: un 46% de los consumidores no entiende la factura de la luz y porque en ocasiones, las diferencias son casi imperceptibles. Además, que los comerciales provengan de subcontratas o dependan del número de firmas que obtengan para cobrar un sueldo, puede ocasionar a prácticas ilícitas con tal de ganarse la vida.

Por su parte, la CNMC sugiere a las comercializadoras no recurrir a este tipo de venta, idea que al Director General de Factorenergia, Emilio Rousaud, no le convence: “Inglaterra –donde la venta por puerta fría está prohibida- es un mercado muy maduro, fue el primer país de Europa en liberalizar este sector. Aquí, ese nivel de liberalización está muy lejos. Los antiguos operarios oligopolísticos aún tienen cuotas muy altas.”

El directivo pone de ejemplo a su compañía, que pese a llevar 17 años de operaciones, todavía debe ganarse a los clientes “uno a uno”, aunque con comerciales propios. Rousaud reivindica que el trabajo de estos vendedores debería “dignificarse”: "No podemos interpretar que todos los que se dedican a esto son unos sinvergüenzas".

 

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